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LA SOBREMESA

RODAMÓN

La sobremesa es el momento de conversar y compartir con la familia o los amigos después de la comida. Por más que la comida ya haya acabado, todos continúan sentados en la mesa, conversando animadamente, bebiendo un poquito más de vino, algún bajativo o un café, y uno se puede pasar muchas horas sentado antes que alguien decida cortar la conversación e irse.

Actualmente todos parecen estar muy apurados y es casi imposible que se haga una sobremesa. Las personas, siempre tienen apuro en volver al trabajo, comen rápidamente, se levantan y se van.

En Chile, es casi una falta de respeto no quedarse unos minutos (o unas horas) conversando después de la comida y para las familias es muy importante para mantenerlas unida.

 

Origen

La historia de la sobremesa se remonta a tiempo antiguos. En la casa de los romanos, tras sus exageradas cenas, tumbados en sus divanes, y habiendo bebido sus exquisitos vinos, llegaban acróbatas, bailarines, actores y poetas para preparar los sentidos para actividades menos gastronómicas. En los castillos medievales cambiaron poetas por trovadores o justas y en la versallesca corte del Rey Sol la parafernalia tras los banquetes alcanzó cotas de magnificencia nunca vistos, con espectáculos de ópera, pirotecnia y shows dignos de Las Vegas.

La sobremesa alcanzó su esplendor al calor de la sociedad burguesa. En los lujosos salones de hoteles, restaurantes y mansiones no había comida que terminase sin ese momento especial. Al levantarse de la mesa, caballeros de impecables fracs y damas con traje de noche pasaban a estancias ricamente decoradas para dar rienda suelta al noble ritual. Con una copa de Cognac en la mano y un cigarro habano en la otra se discutía sobre guerras, política, economía o los chismes de la alta sociedad.

Aunque actualmente, esta costumbre se está perdiendo, gracias a nuestra vida cada vez más ocupada o a nuestros ¨queridos¨ Smartphones, es bueno recordar que la sobremesa profundiza las relaciones, y nos ayuda a sentirnos queridos y acompañados. Y por si esto fuera poco, comer con lentitud y alegría mejora la digestión.

La sobremesa es el momento de conversar y compartir con la familia o los amigos después de la comida. Por más que la comida ya haya acabado, todos continúan sentados en la mesa, conversando animadamente, bebiendo un poquito más de vino, algún bajativo o un café, y uno se puede pasar muchas horas sentado antes que alguien decida cortar la conversación e irse.

Actualmente todos parecen estar muy apurados y es casi imposible que se haga una sobremesa. Las personas, siempre tienen apuro en volver al trabajo, comen rápidamente, se levantan y se van.

En Chile, es casi una falta de respeto no quedarse unos minutos (o unas horas) conversando después de la comida y para las familias es muy importante para mantenerlas unida.

Origen

La historia de la sobremesa se remonta a tiempo antiguos. En la casa de los romanos, tras sus exageradas cenas, tumbados en sus divanes, y habiendo bebido sus exquisitos vinos, llegaban acróbatas, bailarines, actores y poetas para preparar los sentidos para actividades menos gastronómicas. En los castillos medievales cambiaron poetas por trovadores o justas y en la versallesca corte del Rey Sol la parafernalia tras los banquetes alcanzó cotas de magnificencia nunca vistos, con espectáculos de ópera, pirotecnia y shows dignos de Las Vegas.

La sobremesa alcanzó su esplendor al calor de la sociedad burguesa. En los lujosos salones de hoteles, restaurantes y mansiones no había comida que terminase sin ese momento especial. Al levantarse de la mesa, caballeros de impecables fracs y damas con traje de noche pasaban a estancias ricamente decoradas para dar rienda suelta al noble ritual. Con una copa de Cognac en la mano y un cigarro habano en la otra se discutía sobre guerras, política, economía o los chismes de la alta sociedad.

Aunque actualmente, esta costumbre se está perdiendo, gracias a nuestra vida cada vez más ocupada o a nuestros ¨queridos¨ Smartphones, es bueno recordar que la sobremesa profundiza las relaciones, y nos ayuda a sentirnos queridos y acompañados. Y por si esto fuera poco, comer con lentitud y alegría mejora la digestión.

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